Apple no va a tener que esforzarse mucho en ponerle precio al iPhone 8. Ya se lo estamos poniendo los medios, que de repente hemos pasado de indicar que ese canto a la tecnología costaría unos 1.000 dólares para asegurar que la cosa irá más allá y podría rondar los 1.200 dólares.
1.200 dólares. Por un teléfono. Con el que harás básicamente todo lo que haces con uno de 200, aunque ciertamente hagas algunas cosas más y otras mejor. Algunos defienden ese precio y lo pagarán gustosos, pero no es mi caso. ¿A dónde vamos a ir a parar?
¿La burbuja smartphónica?
La comparación entre la industria de los coches y la de los teléfonos móviles lleva tiempo siendo inevitable. Como ha ocurrido en el caso del automóvil, el coche se ha convertido en una 'commodity', un producto con tal aceptación y popularidad que acceder a él ya no es el problema.

Eso no quiere decir que no exista margen para la competitividad y para sacar buenos márgenes de beneficio, algo que han aplicado con maestría tanto los fabricantes de coches como los de móviles. Tanto en el primer caso como en el segundo existen distintas gamas de producto, y en ambos caso ocurre lo mismo.
Un coche te va a llevar de A a B cueste 5.000 euros o 500.000, y vas a poder hacer (casi) lo mismo con un móvil de 100 euros que con uno de 1.000
Un coche te va a llevar de A a B cueste 5.000 euros o 500.000, pero la experiencia a la hora de ir de un punto a otra puede cambiar mucho según el coche que lleves. Con los móviles estamos a una situación similar: la inmensa mayoría de las cosas que puedes hacer con un móvil de 1.000 euros las puedes hacer con uno de 100 o 200 euros, aunque obviamente haya cosas que cambian la experiencia de usuario.
Es obvio que ciertas características justifican un precio más elevado para ciertos móviles: desde los materiales y el proceso de construcción hasta el procesador utilizado pasando, por supuesto, por el componente que probablemente sea el verdadero diferenciador hoy en día entre un móvil y otro: la cámara.
El precio de la innovación
En Wired aparecía una reflexión en la que defendían que el iPhone fuera "súper caro" aunque no todo el mundo pudiera (o quisiera) comprarlo.

Fuente: Martin Hajek
Es efectivamente evidente que el iPhone 8 no será para todo ni para todos, pero como en otros caso, el terminal se volverá a convertir en ese smartphone de súper lujo que marcará la pauta para el mercado. El argumento esencial que apoyaba esa reflexión era singular:
Ese precio de locura le da Apple acceso a tecnología demasiado rara y demasiado cara para ponerla en 100 millones de terminales de 650 dólares. Y eso significa que Cupertino podrá innovar una vez más, y cuando Apple hace algo, otros le siguen. Más temprano que tarde, todo lo que llega a un teléfono que no te puedes permitir llegará a un teléfono que sí puedes permitirte.
Aunque el razonamiento es bueno, es fácil también ponerle pegas, sobre todo cuando hace mucho que muchos critican (criticamos) la capacidad de innovación de una Apple que se ha vuelto perezosa aportando tan solo pequeñas mejoras iterativas que en mi opinión no justificaban el alto precio de sus terminales.
Muchos critican (criticamos) la capacidad de innovación de una Apple que parece haberse vuelto perezosa
Defender que esos precios permiten que esas innovaciones acaben "democratizándose" para llegar a terminales mucho más económicos sería una idea válida si hubiera muchos casos en los que las "innovaciones" de Apple pudieran calificarse de esa forma en los últimos tiempos. Las hay, claro, pero cada vez son menos y menos frecuentes.

Por supuesto que Apple ha innovado
Es cierto que en el iPhone fue un dispositivo absolutamente disruptivo en su creación: su concepción como producto netamente táctil y la aparición de la App Store cambiaron para siempre el paradigma del uso de un dispositivo móvil y el de la distribución del software, pero en sus últimas iteraciones esas innovaciones han sido cada vez más y más infrecuentes.

Si uno busca "disrupción" en un diccionario, debería aparecer una foto del iPhone original. Difícil argumentar que no fuera el dispositivo que cambió toda una era.
Entre esas innovaciones está desde luego Touch ID, que ciertamente democratizó y popularizó el acceso a los lectores de huella dactilar que hoy nos facilitan un poco más la vida en todo tipo de dispositivos. Siri, las pantallas Retina, quitar el conector de auriculares y Apple Pay también podrían ser consideradas como algunas de esas innovaciones que luego otros copiaron (e incluso mejoraron) y adaptaron a sus dispositivos, pero es difícil destacar otros saltos tecnológicos de este fabricante en el terreno de la telefonía móvil.
El iPhone fue un dispositivo absolutamente disruptivo en su creación: su concepción como producto netamente táctil y la aparición de la App Store cambiaron para siempre el paradigma del uso de un dispositivo móvil y el de la distribución del software
Quizás tengamos una última innovación defendible con la doble cámara de los iPhone 7 Plus que ahora se ha convertido en argumento de venta para otros muchos terminales. Apple no fue la primera en ofrecer algo así (los HTC One M8 fueron los primeros teléfonos "masivos" en explorar ese concepto), pero sí acertó a darle un nuevo significado que ha convencido a los usuarios y la industria.
Cada vez menos justificaciones para un teléfono súper caro
Esta década de revolución del iPhone ha contado desde luego con esas mejoras incrementales importantes, pero a los dispositivos de Apple cada vez cuesta más buscarles argumentos de peso para que cuenten con esos precios, al menos en lo que a innovación tecnológica se refiere.

En el artículo de Wired hablaban de cómo el iPhone 8 ofrecerá un diseño con pantallas OLED sin marcos, con cámaras brutales, reconocimiento facial, la mágica realidad aumentada o carga inalámbrica. Todas esas cosas ya las tenemos en otros terminales que no cuestan 1.200 dólares (mejor no pensar en el cambio a euros), y proporcionan una experiencia de usuario fantástica y sin apenas fisuras.
Los últimos terminales franquicia de Samsung, LG, Xiaomi, OnePlus así lo han ido demostrando en los últimos meses, y lo han hecho además con rangos de precio muy distintos. Es posible contar con lo último de lo último en hardware por apenas 350 euros —mi Xiaomi Mi 6 así lo demuestra— pero si uno aprecia otras características como las fantásticas pantallas curvas AMOLED de los irresistibles e imperfectos Galaxy S8/S8+ puede igualmente invertir en estos dispositivos y tener "lo más de lo más" por precios muy altos pero que quedan lejos de lo que propone ese hipotético iPhone 8.

Está además el otro argumento: parece que no hay otras empresas que innoven que no sean Apple. Xiaomi nos asombró a todos con un Mi Mix que marcaba esa tendencia de los móviles sin marcos, Samsung lleva tiempo demostrando que las pantallas curvas añaden un componente de diseño singular, LG ha sido valiente a más no poder con sus conceptos modulares y su pantalla 18:9 (como también lo fue HTC, que lo intentó con Ultrapixel, por ejemplo) y Google ha demostrado que la fotografía computacional puede ser más relevante que cualquier sensor fotográfico del mercado. En OnePlus quizás no podamos hablar de innovación como tal, pero sí de la demostración de que un gran teléfono puede costar mucho bastante menos de lo que piden otros fabricantes.
Parece que no hay otras empresas que innoven que no sean Apple
Otros fabricantes lo intentan con otros elementos con mayor o menor fortuna, y aunque es cierto que la inercia de Apple favorece que sus mejoras acaben popularizándose antes que las de otros fabricantes, la razón de que lo haga no es de que invierta más o que lo haga mejor. La razón es, simplemente, que esa empresa se llama Apple. Y Apple es mucha Apple.
Que cada uno se gaste el dinero como quiera
¿Cómo defender entonces un teléfono de 1.200 dólares? Yo no puedo ni quiero defenderlo, como tampoco puedo ni quiero defender la existencia de coches de un millón de euros.


Como en ese caso, lo importante una vez más no es —como dicen en Wired— que gracias a Apple el mercado de la telefonía global se beneficia a corto o medio plazo. No. Lo importante es simplemente que Apple sigue ofreciendo una alternativa que es perfectamente válida para un (enorme) grupo de usuarios.
¿Quieres gastarte 1.200 dólares en el iPhone 8? Perfecto: lo importante es que al final esa compra te compense (por lo que sea)
Uno con el que yo no comparto argumentos, con el que podré debatir horas y horas sin llegar a nada —qué experiencia de usuario es mejor, qué cámara es mejor, qué ecosistema es mejor, qué diseño es mejor— y al que respeto profundamente, porque espero que ellos hagan lo mismo conmigo.
Al final hay una sola realidad: la gente se gasta su dinero en lo que le da la gana. ¿Que quieres gastarte 1.200 dólares en el iPhone 8? ¿O 1.400? ¿O te vas a comprar un coche de 500.000 euros? Me parece perfecto, porque lo importante es que al final esa compra te compense. Lo que hagan y opinen los demás (yo incluido) debería importarte un pepino. Aunque sea uno de 10 céntimos.
En Xataka | Esta es la prueba de que a Apple le va estupendamente sin hacer un "iPhone barato"

La noticia No, un iPhone súper caro no es una buena noticia para (casi) nadie fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .


Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s